martes, 29 de mayo de 2018

Caminarle con 2 dedos ( Riflessioni sul corpo, la dita e il mondo)



Caminar por un rostro con los dedos resbaladizos de acariciar cuerpos porque es la única manera que tienes de acariciar a alguien por dentro y necesitas hacerlo.  Del cuello a la frente. A pasitos lentos. A quien se quiere, se le camina la frente con los dedos. 

Y que los demás lo entiendan como quieran, o pregunten o si se asustan, que se vayan. Quieres acariciar también eso. Que se vayan. La piel por debajo porque es como tú sientes el mundo, el sexo como lazo que une el mundo con el cuerpo; tu propia vida. Que te sientan también así: desde debajo de la piel. Llena. Vacía. Muda. Intensa. Inmensa. Valiente y guerrillera. Desde esa piel. La que no puede ya regir la cultura y se niega al racionalismo. Desde la identidad de pertenecer y sentir y experimentar un mundo desde los deditos de un cuerpo del mundo.

La literatura es una caricia, un estado, porque sólo con la literatura se expresa lo que no tiene una única palabra y que tampoco se necesita especificar. El desnudo, el abandono del cuerpo a su suerte, al sentir y ser sentido como parte del mundo desde el cuerpo y desde el mundo. El te quiero y el lo quiero como nombre propio, como firma que justifica en carnes una existencia profundamente vivida. Saber que se vive. Buscar la vida y no conformarse con la supervivencia. El más puro e intenso deseo. El placer del mundo y del cuerpo concentradísimo en esos dos dedos. La más placentera ultravergüenza. 
A quien se quiere, se le lee en otras páginas, se le escuchan los bonus track con los ojos cerrados. Se le camina el cuerpo con los dedos para que su cuerpo y tus dedos y el mundo se pierdan el miedo entre ellos. Y es excitante. Se le camina el cuerpo, se le camina el mundo, se camina por el mundo y por el cuerpo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Nos haremos árbol (Non ho perso la scarpa nel ballo)

Si las lágrimas nos mojan las raíces, nos haremos árbol. 
Llueve desde los párpados sobre la estatua herida que se recuesta sobre mi estómago. En aquella serpiente que se cambia de vestido y resbala por el fango.

En postales que firmas con dedos rojos, me pides que vuelva el viento.

Cuando Dios se calle, nos beberemos su agua y nos convertiremos en un tazón sucio en el que sacian su sed todos nuestros amigos. 

...
No sé cómo llegaron los escarabajos a esta cama y la pringaron de estiércol. Qué dios quiso dejarnos sin noches. Qué sirenas nos sirvieron el vino ni cómo pude llorarlas tanto.  

Que yo no vi tu nombre escrito en aquel baño de chicas durante el diluvio. Que no quise divertirme con nadie más ni perdí el zapato bailando.

Desde que llegó la primavera, tu piel áspera de hoy es más de corteza y de rama.

La saliva es el sudor de una boca. 
Con tu levísimo gemido, poco a poco, haces retroceder las tormentas.
Con tu aliento seco, me reclamas en la intimidad de tu sombra.

Llegaré con los pies hechos leña. 
Goteando letras desde los ojos. 
Sedienta.

viernes, 16 de septiembre de 2016

180 gabbiani (Non importa più la via)



Tiene mirada de librería con estanterías de cerezo labrado. 
Más ágil que un tordo negro y más largo que un coito con velas. 
Ese tipo de hombres sedientos que llevan los bolsillos llenos de amuletos.
  
Huele a algodón viejo, a armario, a Portaportese a las 9 de la mañana. 
Sus brazos son de lana, sus codos de naranja ácida.

Provinciano y cosmopolita, como la ciudad de los puentes de hierro en la que todavía hoy se acumulan millones de colillas en las cunetas. 
Es opaco. Y adquiere tonalidades grises cuando llueve. 
Tiene el color del Tevere cuando sonríe  y se recuesta en mi sofá. Si chasquea los dedos salen, de golpe, 180 gabbiani de su chistera. 

Sus cejas son arcosolios y su cuello una peana de escultura antigua. 
Sus ojos son Arte, sus manos artesanía. 
Su aliento ilumina las azoteas viejas. 

Sí, es cierto, veo en sus pestañas restos del paraíso colombiano. En su vientre la vena que se le hinchó a David en la sien. En su perfil, un retrato de Duquesnoy. Cual paisaje selvático de Rossini, en el que sólo se intuyen unos ojos muy abiertos, cien años después.
* Alle 92016, nel 111

viernes, 24 de junio de 2016

Del Sí -Pezzettini-



Tu olor, sin embargo, se relaja en los huecos curvos de mi melena, 
echándose unos shots con mis reacciones más femeninas.
Emborrachándose del uso interno de lo más interno. 
Del Sí que se deshace en el vaso.

De la efímera conquista.

(...)

Binario 7

Pero sí algunos besos (Nel bar dei weekend, dove si ci va sempre, circa delle 23:00 h)


Respeta este instinto fabuloso que me aflora cada vez que te beso, ése en el que  mi cuerpo pareciese vivir en una happy hour inglesa en la que me pongo ciega de tekila y tras la que siempre siempre, me quedo con sed. 

Es tan raro, que prefiero quedarme de lado, en la parte exterior de tu ceja y lamerla desde ahí para calmarme.

Me aterroriza no saber describir lo que siento que quiero que exista pero deseo que dure un ratito más hasta que me harte, mute y se desluzca: con 6 besos explicativos de cómo es una existencia, a otra existencia, sin perder el turno para explicarse, a ver si cuela. 

dos insectos instintivos, espasmódicos, que revolotean airados alrededor de la farola y no dejan de rozarse. 

una alumna tímida, traviesa, que siempre está atenta. Con los órganos siempre dispuestos -siempre impacientes, por dentro-, en ese momento en que los labios hacen equilibrios forzados sobre la cuerda floja y pasan de sonreír más.  

un inventario de todas las ideas que se me ocurren, sobre tus mejillas, cuando las cubro con mis manos y me aprieto.
un músculo que te dilata y que te hace más profundo el ombligo.
la curiosidad que seguramente matará siete veces a una leona del Atlas y la devolverá de nuevo a su estantería.
quedarme de puntillas bajo alguna mesa con ganas de trincarme otro chupito frenético.  

Es posible que no necesitemos besos como los que se dan los enamorados. Pero sí algunos besos. De los que se abren, les crecen manos y se bailan. De los que dan asco cuando los ves en los demás. De los que hacen que maldigas las callejuelas del centro. De ésos. 

Justo ahí ( esattamente là, dove finisce la Metro)



Lo tengo justo ahí, en ese huequito oscuro de la espalda, junto a la peca de la nalga, en donde se me acaban los huesos y anidan las abubillas verbeneras, justo donde se me abre el cuerpo y todo se precipita hacia lo interno. Entre el dedo pulgar de la mano y el más chiquitito del pie derecho. Lo tengo ahí, justo en el medio de toda la sed, de la resaca de Saturday night, del temblequeo de los párpados desnudos y secos.

El signo del instinto, con todo su torbellino voraz de luces naranjas y tirolinas y emblemas.

Por entre los libros abiertos, las líneas imaginarias que siguen los aviones para desplazarse de un punto a otro, sobre la raya del pelo.
En la sonrisa que me sonroja cada vez que descubro un nombre propio escondido en alguna palabra que escribo.
Tiemblo desde las células a los acentos, desde la nota musical a la voz aguda del corista. 
En el ay y en el labio mordido desde la derecha.

Por ahí anda, justo ahí, por los bordes del hemisferio.

lunes, 28 de diciembre de 2015