jueves, 30 de abril de 2015

Volveremos a vernos (Via Nazionale 363, sulla scrivania)



Dejé claro con mi gesto que el disfrutar de ti no nos inspiraría en el amoroso arte de escribir sonetos. Atestigüé que ni el licor ni las calles vacías me harían agarrarme a ti como a un diario severo de letras negras . Intenté no ser más que maracas y jolgorio, más que la cópula más extenuada. Sin embargo, en mis despistes me descoloco cuando me besas la nuca al leerte o escucho mientras me largo ese tan despiadado Volveremos a vernos

No es que crea, qué va, si no no creo. Si cuando me contoneaba te ensalcé como al ídolo no era especulación, es porque los verbos carnales tienden a exagerar a los músculos que engrandecen los instintos primitivos.

(Cuando te mueves por la superficie, todo es más recto y se digiere sin remordimiento).

Que te ansío. Que todavía te quedan días y muchas páginas. Que las rimas no caducan. Que te aborrezco. 

...

Quiero pasarme los próximos días bailándote tarantelas secas.  

Lamerte el dedo gordo de la mano izquierda con el que diriges el boli,  cada vez que se te duerma. 

Y el boli. 

Y las palabras.

Y la lengua.